El sorprendente cambio de postura del gobierno español merece ser reflexionado.
El consenso internacional a través de la ONU consagra el derecho de autodeterminación del Sahara. Trump lo dinamitó, los países europeos lo ven como un problema entre Marruecos, Argelia y España, y España ha seguido agarrada al palo de una batalla perdida.
Marruecos fue el primer país del mundo que reconoció la independencia de EEUU. Es la puerta en el Norte de África que aún continúa sólida frente a la expansión del islamismo, está creciendo en importancia económica y demográfica y es un cliente natural del exportador EEUU. EEUU le debe gratitud a Marruecos y además tiene intereses económicos.
España es un cliente decreciente de EEUU, un segunda división entre las alianzas internacionales de EEUU, y además España es confusa en sus mensajes a sus aliados mundiales. ¿Qué es España o qué quiere ser España? Los propios españoles, heraldados por nuestros políticos, no lo tenemos claro. No hemos llegado a un consenso tras la transición democrática.
¿Por qué este cambio ahora y no antes? Porque no es el momento de abrir un frente sur de tragedia de inmigración si Marruecos abre la espita. Ni los países del norte de Europa lo quieren ni lo quiere Estados Unidos. Así que el mensaje a Pedro Sánchez estaba claro. Arréglalo.
Y si ello te va a costar un problema con Argelia, negócialo, y asume los costes, mejor que abrir otro problema geográfico.
España vende que este acuerdo blinda Ceuta y Melilla. Eso es falso. Simplemente, ha comprado tiempo, que el gobierno de Sánchez no tiene, pero que el rey alahuita sí tiene.
Ceuta y Melilla caerán porque son símbolos de Europa en el Norte de África, y porque no tienen utilidad económica como puente entre continentes que pueda ser valorada por Marruecos. Son insostenibles para España, cada año cuestan más, no se ubican empresas allí como sí sucede en Gibraltar, más autosuficiente y menos problemático para Reino Unido.
Otro tema es que España considere que Ceuta y Melilla son "costes hundidos", un cinturón de seguridad que permite el progreso y la estabilidad en el sur de Andalucía. Y puede que a largo plazo sea así, pero si es así, hay que tenerlo claro y dotar de incentivos mayores para que Ceuta y Melilla sean más "gibraltares".
La postura de Sánchez es de debilidad forzada por las circunstancias y no hay nada peor que negarlo. Es un tema de debate y acuerdo, fuera del Congreso de los Diputados, entre partidos con visión de país, y luego refrendarlo en el Congreso.
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