La voz europea.
China ha de ser comprendida por lo que dice y lo que no dice, por lo que hace y no hace. Estados Unidos es una potencia asertiva y explícita, oyes su voz y lees sus labios. China es un actor potente y potencial, tranquilo, y hay que leer sus silencios, y sus susurros para intentar comprenderle.
Acaba de decir que no debemos caer en otra "Guerra Fría" tras la guerra de Ucrania, y pide que los europeos seamos menos dependientes de Estados Unidos.
Europa ha sido, por decisión propia y admiración magnética hacia Estados Unidos, un súbdito desde su propia constitución en los años 50. Parece que Europa nunca se recuperó de la Segunda Guerra Mundial. Y es cierto que nunca existió una europea antes de dicha guerra, sino países individuales. Pero hemos perdido la oportunidad de construir Europa en los últimos 70 años.
Seguimos dependiendo militar, ideológica, y económicamente del motor de Estados Unidos. Hemos sido incapaces de ponernos de acuerdo en proyectos de reducción de la soberanía nacional pese a las iniciativas de la Comisión Europea, por las limitaciones en las ambiciones del Parlamento y del Consejo Europeo. No puede ser que los parlamentarios europeos sean súbditos de los intereses de los partidos políticos nacionales que defienden agendas nacionales en el parlamento europeo.
O tenemos una agenda europea por encima de las agendas de los países que conforman Europa, o tenemos mecanismos de avance para ponerla en marcha con rapidez y con credibilidad y representatividad, o la idea de Europa quedará cada vez más como un sueño.
Pero no es una Europa unida por encima de intereses nacionales, lo que le interesa a China. China quiere de Europa lo mismo que quería Reino Unido con el Brexit: independencia de acción para seguir haciendo negocios con Europa. Es lo mismo que en el fondo quiere Estados Unidos.
Todo esto no es bueno para los europeos, y menos bueno aún para los débiles de entre los estados europeos.
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