Un mes y dos días después del comienzo de la guerra de Ucrania, Putin anuncia que los objetivos de la primera fase están cumplidos y que concentrará sus esfuerzos bélicos entre Donbast y Crimea, la línea en cuya intersección se encuentra la arrasada Mariupol, el puerto de acceso de Ucrania al mar interior de Azov.
Más se parece al comienzo de una retirada estratégica que táctica, porque Rusia ha perdido el efecto sorpresa inicial, y ha comprobado la reacción del pueblo ucraniano, de sus líderes, de la comunidad occidental, y el apoyo que recibe de sus aliados que se han opuesto o abstenido en las votaciones en Naciones Unidas. Los resultados han sido desastrosos, y ni siquiera ha tocado a Odesa, por lo que si solamente se apropiara la franja Donbast -Crimea el balance de la campaña de Putin sería muy decepcionante para cualquier mirada.
Rusia no controla grandes ciudades ucranianas, y usar armas químicas solo incrementaría las muertes y la tierra quemada. La moral ucraniana sigue inquebrantable, gracias en mucho a Zelensky, un líder hacia dentro y hacia fuera en el mundo por su actuación.
Pero Zelensky nunca ha cedido hasta ahora sobre la integridad territorial de Ucrania. ¿Cederá el este para tener paz en el resto, además de la promesa de no alineamiento con la OTAN? ¿Se fraguará una posible entrada a futuro en la Unión Europea, más posible y más peligrosa para Putin que la supuesta amenaza militar que Putin había esgrimido que significaba una OTAN en Ucrania?
Incluso la anexión definitiva a Rusia de la franja Donbast-Crimea es una derrota para el orden internacional existente, pero nada es eterno.
Rusia no ha recibido apoyo económico concreto, ni militar, ni político explícito de ninguno de los socios que votaron en contra de la invasión o se abstuvieron. O las cautelas ante la unidad de los países del G7 con las sanciones, o el salvajismo de Putin les ha llevado a una posición pública de cierta equidistancia.
El ahogo económico de la población rusa también debe hacer alguna mella interior. Muchos oligarcas acostumbrados a pasearse y poseer en Occidente ya no pueden hacerlo.
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