A más de 3000 km de Ucrania, noto en mi cuerpo y mi mente que tenemos que prepararnos para circunstancias desconocidas. No puedo evitar lo que de mí no depende, dicen los estoicos, podemos controlar como lo percibimos.
Pero no puedo abstraerme de pensar en las consecuencias, de momento, económicas, que traerá esta invasión. Me preocupa el drama humano que ya se viven los ucranianos, pero la supervivencia está asociada al peligro, y no es el peligro físico el que hoy se percibe en España. Nos preocupa nuestra seguridad perimetral y la incertidumbre que crea esta guerra inesperada.
Desde la fortaleza de ánimo se afrontan mejor las situaciones de incertidumbre, y pienso en "El hombre en busca de sentido" de Viktor Frankl. Hay que elevar la mirada por encima del horror de esta guerra, poniendo distancia sobre mis sensaciones iniciales de angustia.
Son los compases iniciales de una situación que a mis 61 años nunca he vivido. Una nueva parte del camino.
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